JOSÉ TOMAS FERRETTI

AUTOR

Mis padres cuentan que cuando tenía seis años, firmaba mis dibujos como «autor».

A los ocho, comencé a registrar mi vida en textos disparatados de los cuales aún conservo piezas.

Antes de los diez, ya escribía, excitado por la caja naranja denominada «lectura de trozo» y esa zeta sonora en mi mente, más la práctica estética de una caligrafía pulcra. Ambos factores fueron los ganchos iniciales para un ser inquieto en lo intelectual.

Recuerdo a los once años, recién asimilando mi condición de púber, escribir un primer relato para una clase escolar. Tuvo amplio reconocimiento por una profesora específica. Ella nunca supo que su influencia me incentivó a creer y confiar en lo que escribía. Tampoco supo cómo motivó la lectura en un niño que era rebelde a los consejos, arisco socialmente y por esos días, enemigo de cualquier relación con el estudio formal.

Mis primeras construcciones fueron un desastre, pero avancé rápido, colgándome ingenuo de una veta espontánea. Ya el tercer ejercicio, contenía cosas buenas, rescatables. Desde ahí, la curva fue ascendente en vertical.

Hubo un relato en particular que fue leído en voz alta. Dejó a mi curso escolar fascinado. Mientras el profesor cambiaba el tono oral, yo buscaba refugio como un avestruz, evitando mostrar mi rostro sorprendido por la inesperada acogida y colorado por la vergüenza. Pero estaba orgulloso para adentro.

A los 16, con mis poesías publicadas en línea, me contactaron desde España para editarme como poeta. Me achunché infantil y temeroso, pero esa libreta la conservo con afecto entre mis cuadernos. Sin embargo fue una etapa, en realidad, me apasiona la narrativa.

A los 18, ya era bloguero acérrimo. A los 24, escribí mi primera novela que retomé años después y estoy pronto a lanzar en mis 40. A los 34, terminé la segunda que en realidad fue la primera, y que auto publiqué por mi cuenta, armando un taller semi profesional, en un sendero lateral. Ajeno este aspirante a los espacios «cultos», editoriales y premios de fantasía.

El leerme y encontrarme bueno, fue el siguiente paso en ese origen literario de escalón por escalón, generándose una profunda necesidad de resolver mi fértil campo de pensamiento. Las experiencias de vida, géneros y herramientas, definieron mis caminos.

Más, mantengo mi rostro de satisfacción al leer algo mío, asimilando que la obra en cuestión surgió de mi ordinario interior. Ese rostro de regocijo, fue una consecuencia y si me esfuerzo por retratar el por qué escribo, esa es una breve explicación.

“Tomás desarrolló un guion de largometraje en cinco meses, logrando una estructura perfecta de ciento cincuenta páginas basada en una sinopsis de ocho páginas y siguiendo el paradigma de Syd Field. Utilizó este sistema para construir correctamente todos los puntos de giro y equilibrar a los personajes, tanto protagonistas como antagonistas. El escenario y la atmósfera están bien diseñados, y todas las locaciones fueron caracterizadas detalladamente.

El proyecto, ambientado en Nueva York y escrito en espanglish, español e inglés, se basa en la historia de un chileno que se muda a Nueva York. Los diálogos están bien escritos y reflejan la caracterización de los personajes. El ambiente de trabajo fue muy profesional, y Tomás demostró ser un excelente escritor, utilizando herramientas literarias efectivamente. Lo recomiendo para proyectos profesionales tanto literarios como de largometraje”.

GONZALO ROA

Cineasta