Un candy desde el ego

Ella recuerda que yo me entretenía con las palabras en mi mente juvenil. Hoy me observa concentrada evitándome, con la atracción de una mirada coqueta y cómplice como si fuera un sensible poeta de aquellos.

Como no puedo contradecirla en su inocente veracidad, le regalo este dulce de inspiración romántica.

Para decirle que no se equivoca su memoria frágil y que las letras son los adoquines que construyen mi camino. Para contarle que es cierta mi creatividad inquieta en el mensaje escrito, pero aprovechar también de advertirle que eso es incongruente o al menos diferente, con la voz oral.

Y usar este espacio para hacerla importante, porque no desperdicio mis energías en escribir sin un interés pausible.

Así deseo darle un sitial a ella en mi roce diario, ya que me dejó con una sensación magnética que me absorbe.

Yo por mi parte recuerdo mi brazo derecho fuerte presionando su piel afín de la espalda para tenerla junto a mí, pegada, y sentir su respiración.

Por supuesto, quiero afirmar sus emociones y anclarlas a las mías. Explicarle que soy sensato en lo dicho y más auténtico cuando lo expreso espontáneo. Sin excluir en ese escenario que juego en mi rutina con la fantasía única y que la realidad utópica que la masa ve como un estándar normalizado me confunde seguido.

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